jueves, 8 de septiembre de 2011

Tan pequeña como una hormiga.


こにちわ ( Buenas tardes) こんばんわ (Buenas noches)

El otro día escribí mal mi saludo, puesto que escribí en la tarde pero sólo hasta la noche publique la entrada. En fin aclarado esto seguiré con un breve preámbulo de la entrada de hoy.

Bien pues sin querer mi santa madre descompuso mi laptop, esto trajo consigo una serie de discusiones, de las cuales siempre salgo perdiendo. La verdad me bastaría con un “lo siento”, pero el orgullo de los padres es mucho. Así que en lugar de seguir discutiendo decidí canalizar mi sentir a algo más productivo, como lo es la entrada al blog. Espero no sonar muy patética.

Hoy como tantas veces me siento tan pequeña como una hormiga, tan insignificante como una gota de lluvia que pertenece a una tormenta, tan invisible como un grano de arena en el desierto, tan olvida como la última estrella del firmamento.

Hoy como tantas veces quisiera saber donde hay una tienda, en la que se compren abrazos, donde renten sonrisas. Quiero sólo hoy una palabra de aliento, sólo un motivo más para seguir, se me terminan las ganas de nuevo. Quiero saber si venden gasolina para el corazón.

Pero creo que hoy como tantas veces, sólo me quedo con mi dolor, hoy sólo llorare hasta que mis ojos cansados se cierren, hasta que mi voz se desvanezca, hasta que otra vez tenga fuerzas.

Hoy me quedo aquí a dentro, no deseo salir, no deseo más que el calor de un abrazo que sea sincero,  es verdad soy tan frágil e infantil, que mi cobardía me hace encerrarme en el cuarto y esconderme bajo las cobijas. Quizá sólo porque hoy el sol no brillo tanto como ayer, quizá es sólo porque hoy hace más frió que ayer, quizá sólo extraño a quien ya se fue, quizá la monotonía es la que me aparta de los que quiero.

Entre prisas, trabajos y quehaceres, me siento un poco olvidada, pero sólo hoy como tantas veces me doy cuenta de que cada día soy para ellos un recuerdo, cada minuto fuera o entro me aleja más de ellos, y por más que intento decirles que los quiero, ellos no se detiene y siguen corriendo sin siquiera mirarme. A veces me quedo afónica de tanto que les grito que los quiero, pero ellos rara vez me escuchan.

Hoy no quiero que me digan nada, sólo quiero que me escuchen, hoy no necesito una opinión, sólo basta con una palmada en la espalda y volveré a sonreír como si nada. Pero hoy como muchas otras veces me siento tan pequeña como una hormiga y dudo que alguien me encuentre debajo de estas cobijas.

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